martes 7 de julio de 2009

Los hombres que no amaban a las novelas

En la página 500 de Los hombres que no amaban a las mujeres de Stieg Larsson , el villano le dice al periodista honesto: "¿Porqué tenías que meter tus narices?" (los traductores españoles, a contrapelo de la lógica, creen que todos vivimos en Alcobendas), justo antes de detallar al héroe sus crímenes y planes futuros. A pesar de esto (que el maisntream narrativo sólo utiliza ya como recurso paródico) Los hombres que no amaban a las mujeres es una novela que se toma muy en serio. Al principio de cada una de sus partes, hay cifras que detallan y describen la violencia doméstica y de género en Suecia (patria nativa del autor y de sus personajes): tanto por ciento de las mujeres suecas han sido golpeadas por sus parejas, con lo que (además) la novela de Larsson no sólo se describe a sí misma como sería, sino además como urgente y valiente, y la ubica de lleno en el el peor subgénero novelesco del siglo pasado: la novelota de periodista.



Larsson amaba tanto su profesión que eligió como héroe central de su primer novela a un periodista que (él sí) era muy amado por todas las mujeres (se cepilla a prácticamente todas las personajas principales, pero para no ser acusado de machista se deja seducir en la mayoría de los casos). De manera que para seguir los pasos de un asesino serial, no hay un detective cínico que de tanto en tanto nos suelta iluminaciones sobre la naturaleza humana y el Monstruo que todos llevamos dentro, sino un fulano que nos demuestra que es Muy Bueno porque entiende  alas mujeres que se tira, y cuya investigación se basa en tomar mucho café y ver fotos. Creo que no hay una narración en la cultura occidental donde se vean tantas fotos como en esta novela.


Larsson, como periodista que es, resulta un novelista que ama la información, de manera que para investigar un crimen, se remonta durante unas cien páginas a infomrar el pasado remoto de la familia de la víctima, con una data bastante mal hilada que después no sirve de gran cosa. No parece, a pesar de su oficio, que a Larsson se le dieran muy bien las entrevistas: sus diálogos son más planos que el perfil de su coprotagonista, una hacker que parece que tiene 14 años pero es mayor de edad (además de respetuosos de la ley somos remodernos, ¿no, Stieg?). Larsson ama tanto la información, que en la página 550 despacha una solución sumamente pedorra para el crimen central de su novela, y le regala unas 150 páginas más a su héroe para que recupere su credibilidad periodística (perdida por el engaño de un millonario malo malo, pero no os escandalicéis, vecinos de Alcobendas y defensores de la Libre Empresa: también hay un millonario bueno bueno).


Enfrentado a un asesino de mujeres, el héroe que amaba a las mujeres sólo salva a la nieta millonaria y deja en el silencio los asesinatos de criadas, secretarias y campesinas, y aboca sus esfuerzos a recuperar su Buen Nombre como reportero. A esto en pedagogía le llaman "currículo oculto" o "el tiro que sale por la culata" o "Hey, Steig: esas también eran mujeres".


El finado autor de Los hombres... amaba el periodismo, y escribió tres novelotas de periodista antes de morir. Una trilogía intitulada Millenium, como la revista donde trabaja el héroe de los tres tomos, cuyas dos últimas entregas deben ser tan esquemáticas, obvias, aburridas y (por ende) fáciles de leer como esta primera, y que harán sentir al Lector Refinado tan bien como Larsson al escribirlas. con el alma olorosa a menta. Al final de cuentas, no hay nada que cambie al mundo como las revistas comprometidos, los periodistas honestos y las cifras sobre las víctimas.


Qué buenos somos, chingada madre, mi querido Stieg.


domingo 5 de julio de 2009

Descargo

El 90% de los visitantes de este blog llegan aquí buscando "las mejores técnicas de masturbación masculina", lo que demuestra dos cosas: a) la esperanza sigue viva y b) mi target es angustiosamente restringido (o es que me voy creando una audiencia sentimentalmente autosuficiente).

lunes 29 de junio de 2009

Democracia TV

1. Al emitir su voto, de Narváez asistió con su doble de Videomatch, lo que más que un detalle simpático es esencialmente un manifiesto, el programa de gobierno que tanto le solicitaron: la televisión estará a la diestra de su gobierno.

Y es que,  a pesar de todas las celebraciones de la plataforma Pro y de los votantes de Pino Solanas, la verdadera ganadora de estas elecciones es la televisión. Y los grupos que la poseen. Las acciones del grupo Clarín se dispararon (ganando más de un 30%)  apenas y se supo el resultado definitivo de la elección legislativa.

Lo curioso es que el colombiano haya necesitado de otro grupo mediático para afianzar su triunfo teniendo un canal propio...

2. La democracia es ese tortuoso camino por el que entregamos nuestro Destino en manos de los espectadores de la peor televisión.

3. El problema, claro, es la televisión que viene a gobernarnos. En uno de los spots de De Narváez, tan alabados por los mediáticos cools, se ve a un hombre en su madiana edad, vestido humildemente, que desde un autobús, observa un enorme cartel con la foto del candidato ganador por la ciudad de Buenos Aires que promete "un castigo, un crimen".  El rostro del sufrido trabajador se ilumina, lleno de esperanza...

¿Qué estamos viendo? ¿Una mala película sadomasoca gay? No: un spot político. La narrativa de la campaña del Pro haría sonrojar a cualquier estudiante de publicidad por su cursilería.

Bien: es es el cuento que se han comido.

4. La democracia es ese tortuoso camino por el que entregamos el poder a los admiradores de Ricardo Arjona.

5. 2011. ¿Llegará con ese mismo impetú la perorata juticiera de Pino Solanas a las elecciones presidenciales? No: en algún punto se desdibujará como le ocurre a todo forma de la ira bien intencionada, tal y como le pasa a su cine. Y la derecha usará spot elementales para convertirlo en un viejo gaga y mentiroso. Ahí tendrán su "segunda fuerza".

6. La democracia es el tortuoso camino por el que los votantes de la izquierda airada obtendrán una Argentina llena de anchas veredas y pobres invisibles.